LAS REGLAS DEL JUEGO (3ª y 4ª parte)

 

LAS REGLAS DEL JUEGO (3ª parte)

Hay una tendencia a inculpar a los judíos de dominar el planeta desde la sombra. Y es cierto que La Ley Judía de la Torah o Ley de Moisés también sirve para gobernar el mundo.

El planeta vive bajo lo que la Biblia llama Mamon -Dios de la codicia-. Mamon se define como ´Ley de Procedimiento Civil´ de los sabios israelitas que adoptaron promulgaciones y decretos, e instituyeron las prácticas y tomaron las decisiones que derivaron en la Ley Judía del Shetar, la más importante en el encumbramiento a la propiedad inmobiliaria, adoptada por la Ley Inglesa que se convirtió en Ley de la Tierra.

En la ´Leyes civiles´ del rey Jorge, tomo 71, páginas 1179-1200, se lee en un artículo que ´los judíos son propiedad de los reyes Normandos y Anglosajones´.

También explica que el Talmud es la ley de la tierra, y de cómo el Talmud Babilónico se convirtió en ley de la tierra, lo que ahora se conoce como el Código Comercial Uniforme, que es la Ley Internacional Privada que trata sobre Personas Jurídicas. El acuerdo de crédito escrito, el Shetar judío, es un embargo preventivo de toda la propiedad del planeta.

El tratado también explica que los judíos son propiedad de Gran Bretaña y que están a cargo del Sistema Bancario.

En esencia, no se puede juzgar a un miembro del gobierno por no estar adherido a un contrato del que uno no es parte. Cuando una persona jurídica intenta usar la Constitución, está de hecho cometiendo un delito conocido legalmente como ´allanamiento de morada´, porque intenta interferir en un contrato privado del que no es parte.

La propiedad última de todo bien raíz es del Estado: La ´propiedad´, así llamada individual, lo está sólo en virtud del Gobierno, es decir, que la ley se refiere a él como a un mero usuario, y el uso debe estar en acuerdo con la ley y subordinarse a la necesidad del Estado.

El derecho de transmisión de la propiedad, como derecho absoluto inalienable, es aquel que nunca ha existido desde que los gobiernos fueron instituidos y nunca podrá existir bajo ningún gobierno.

Los fenicios eran una raza aria o blanca avanzada. Los babilonios eran parte de esta raza. No eran de una raza semita como previamente se creía, sino una raza aria. Los fenicios a menudo tenían los ojos azules. Kassi o Cassi era un título usado primero por los fenicios hace más de 6.000 años y fue adoptado por los babilonios que gobernaban el imperio mesopotámico.

La expansión aria empezó temprano, con su rama navegante, los fenicios, un pueblo tecnológicamente avanzado, lo que ha oscurecido ante la historia oficial su identidad verdadera. Son fundamentales para comprender desde dónde hemos venido y dónde estamos ahora como civilización. Fueron ellos los que trajeron tanto sus líneas genéticas como sus conocimientos a Europa, Escandinavia y al Continente Americano, miles de años antes de Cristo.

Los fenicios viajaron el mundo antiguo por mar desde sus bases en Asia Menor, Siria y Egipto para instalarse en las islas del Mediterráneo como Creta y Chipre y también Grecia e Italia.

La llegada de los fenicios arios a las islas británicas da origen a británicos, escoceses y anglo-sajones, y también corresponde con la construcción de los grandes círculos de piedra y observatorios como Stonehenge y Avebury en Wiltshire.

Los fenicio-sumerios avanzados de raza aria, tenían unos conocimientos muy desarrollados de astronomía, astrología, geometría sagrada, matemática y la red de líneas de fuerza magnética de la Tierra conocida como la cuadrícula de energía global, poseían todos los conocimientos necesarios para construir estas grandes estructuras.

Fueron los fenicios que llevaron los conocimientos que después hicieron surgir civilizaciones como la Minóica de Creta, la Grecia clásica y la Italia romana. Eran también los cerebros detrás de gran parte de la cultura egipcia en este mismo período. Es la una razón simple de por qué los egipcios retrataban a muchos de sus dioses con piel blanca y ojos azules en exactamente el mismo modo como hicieron otras culturas por todo el mundo.

También son el origen del mito de la ´raza superior aria´ que tanto obsesionaba a los Nazis y las sociedades secretas que los crearon.

Los fenicios desembarcaron en el Continente Americano miles de años antes que Colón. Hay pruebas de su presencia en Brasil, las islas del Caribe y en el Gran Cañon del Colorado.

Esto es también el porqué de que los posteriores invasores blancos del siglo XV estaban asombrados de descubrir que los pueblos nativos del continente americano tenían las mismas historias y mitos religiosos básicos que ellos.

Esto es perfectamente explicable ahora. Venían del mismo origen, la raza aria conocida como los fenicios, entre muchos otros nombres como sumerios e hititas.

La completa fundación de la cultura y mitología Británica vino de los fenicios. La famosa leyenda de San Jorge y el Dragón se remonta a San Jorge de Cappadocia, centro fenicio en Asia Menor. Las batallas entre San Jorge y el dragón bien podrían haber sido simbólicas de conflictos que parecen remontarse muy atrás en el tiempo.

La cruz roja de San Jorge -Inglaterra-, las cruces de San Andrés -Escocia- y San Patricio -Irlanda-, las insignias de Escandinavia, fueron todas llevadas como estandartes de victoria por los fenicios.

La cruz roja era la cruz de fuego, un símbolo fenicio-ario para el Sol, como lo fue la esvástica, después utilizada por los Nazis. Una esvástica puede ser vista sobre una piedra dedicada al dios Sol fenicio Baal o Bel, que fue encontrada en Craig-Narget en Escocia y usada para decorar las batas de sus sumas sacerdotisas.

El símbolo británico clásico de Britannia viene de la diosa fenicia, Barati, asociada con el agua. Uno de los centros más importantes de los ario-hitita-fenicios era Cilicia en Asia Menor y aquí Barati fue venerada como Perathea y Diana.

El clan dinástico real de los arios era llamado los Barats.

Barati era la figura de la reina/diosa de los fenicios cuando Barat era el dios/rey. Éstos son posiblemente los nombres para las deidades babilónicas Nimrod y Semíramis.

La forma idiomática original era Barat-ana o Brithad-ana. El sufijo ana en hitita-sumerio ario significa ´uno´. Barat-ana o britano por lo tanto significa ´Uno de los Barats´. Algo similar ocurre con muchos otros países ocupados por esta raza blanca.

Los hititas arios de Asia Menor y Siria o Fenicia se llamaban los Catti o los Khatti, Por ello los reyes británicos tempranos se llamaban a ellos mismos y su raza los ´Catti´ y esto aparece en sus monedas.

El término Khatti evolucionó a través de las traducciones hebreas e inglesas en los hititas del Antiguo Testamento. Kassi o Cassi en su origen era el título usado por la primera dinastía fenicia alrededor de 3.000 antes de Cristo y luego adoptado por la dinastía babilónica.

Sumeria viene del término ario de la palabra fenicia, Arri, que significa ´noble´. Así el nombre Sum-Arian, y palabra aristocracia o Arian -stock o valor -cracia.

Los arios del Cercano y Medio Oriente tuvieron algunos otros nombres; hititas, fenicios, celtas o godos; para mostrar que tenían el mismo origen.

Algunos de los círculos de piedra se denominaban Harri o Heria.

El título para los dirigentes godos, y del título hitita de Harri, Arri o Ario sale la pababra Piedras-Hare o piedras Arias.

El círculo de piedra de Castlerigg en Cumberland. Inglaterra, lleva la palabra ´rig´, un título para reyes y príncipes Góticos. El Gótico también proviene del acervo cultural de los arios.

(Fuente: http://noficcin.blogspot.com.es/)

visto en: http://astillasderealidad.blogspot.com.es/2017/03/las-reglas-del-juego-3-parte.html

LAS REGLAS DEL JUEGO (4ª parte)

La información es poder. Pero como todo poder, están aquellos que lo desean para sí. El legado cultural y científico de todo el mundo, publicado a través de centurias en libros y artículos, está siendo digitalizado y bloqueado por un puñado de corporaciones privadas. Se ha estado hurgando en agujeros y escalando cercas para liberar información bloqueada por las editoriales y poder compartirla.

Esto se conoce ahora como robo o piratería, como si compartir la riqueza y el conocimiento fuera el equivalente a abordar un barco y asesinar a su tripulación. Compartir información es un imperativo moral en oposición a un robo privado de cultura pública.
Aaron Swartz.

El establecimiento de los Estados Pontificios proporcionó a la Iglesia Católica Romana una base territorial y jurídica de suma importancia. Le permitió lanzarse a la promoción de una política cada vez más audaz dirigida hacia la adquisición acelerada de tierras, riquezas y estados adicionales, con todo su prestigio y poder.

En otra falsificación papal, el papa Adriano I en el año 774 hizo entrega de una copia de la Donación de Constantino, la concesión de inmensas posesiones y vastos territorios a la Iglesia.

La Donación fue precedida y seguida de varios documentos papalmente falsificados en el nivel de la misiva del Beato Pedro, ‘Sucesor de la Llave del Cielos’, obra del papa Esteban, y su objetivo específico era dar poder, territorio y riqueza a los papas.

Su divulgación se entiende como prueba de que él había donado al Papa, no sólo Roma y los Estados Pontificios, sino también Istria, Véneto y de hecho toda Italia.

No contentos con los Estados Pontificios y las nuevas regiones adquiridas, los papas aún querían más, y se pusieron a ampliar su propiedad de territorios adicionales. Llegaron a la conclusión que los recién nacidos Estados Papales, aunque de un tamaño considerable, eran demasiado pequeños para el Papa y los representantes de San Pedro.

Estos territorios tuvieron que ser ampliados para que coincidiera con el imperio espiritual de Pedro. Algo indiscutible por el cual a los a papas de forma inequívoca se les concedería por necesidad la propiedad de reinos e imperios enteros.

En este punto la Donación de Constantino es la más espectacular de todas las falsificaciones oficiales, que pretende haber sido escrita por el propio emperador Constantino, y que surgió de la nada.

El documento es un solo golpe maestro que puso a los papas anteriores de reyes y emperadores de naciones como herederos legales en el territorio del Imperio Romano, concediéndoseles a ellos, las acciones de bloqueo que supone se las dio San Pedro a San Silvestre y sus sucesores, de hecho todas las tierras al oeste y más allá, es decir, todos los países del planeta.

El documento era una suma de las falsificaciones anteriores, pero a diferencia de fabricaciones pasadas fue definido, preciso y hablaba en términos muy claros de la supremacía espiritual y política otorgada a los papas como derecho inalienable. El significado y las consecuencias de su aparición fueron portentosas para todo el mundo occidental. La estructura social y el marco político de la Edad Media se moldearon determinados por su contenido.

Con ello el papado, habiendo hecho su intento más audaz en el dominio del mundo, tuvo éxito en su colocación por encima de las autoridades civiles de Europa, ya que afirma ser el poseedor real de las tierras gobernadas por los potentados occidentales y el árbitro supremo de la vida política de toda la cristiandad.

Tan famosa falsificación, la más escandalosa en los anales del cristianismo, tiene entre sus principales cláusulas que Constantino desea promover el Trono de Pedro sobre el Imperio y el Trono en la Tierra al otorgar en ella el poder imperial y el honor; que el Trono de Pedro tendrá la autoridad suprema sobre todas las iglesias del mundo, y que juzgará todo lo que concierne al servicio de Dios y de la fe cristiana.

En lugar de la diadema, la Donación de Constantino le otorgó como símbolo el frigio, es decir, la tirara y la lorum que adornaba el cuello del emperador, así como las demás vestimentas suntuosas e insignias de la dignidad imperial.

El clero romano gozará desde entonces de los altos privilegios del Senado Imperial. Constantino renunciaba así a la soberanía restante sobre Roma, las provincias, las ciudades y pueblos de toda Italia y de las regiones occidentales, al Papa Silvestre y sus sucesores.

Con la primera cláusula, el Papa se convirtió legalmente en el sucesor de Constantino como el heredero del Imperio Romano.

Con la segunda cláusula se hizo el jefe absoluto del cristianismo, hacia este y oeste, y de hecho de todas las iglesias del mundo.

Con la tercera cláusula se le hizo el único juez en relación con las creencias cristianas. Por lo tanto, cualquiera y cualquier iglesia que esté en desacuerdo con él era convertida en hereje, con todos los nefastos resultados espirituales y temporales de esto.

Por la cuarta cláusula, el Papa se rodeó con el esplendor y la insignia de la oficina imperial, como representación exterior de su condición imperial.

Con la quinta cláusula, todo el clero romano fue colocado en el mismo nivel que los senadores, patricios y los nobles del Imperio. Por virtud de esta cláusula, el clero romano adquirió el derecho al más alto título de honor que los emperadores otorgan a ciertos miembros prominentes de la aristocracia civil y militar, y en las filas del patriciado consular, siendo en ese momento las más altas a la que la ambición humana podría apuntar.

La sexta y séptima cláusulas, aparentemente irrelevantes, fueron muy importantes. Al hacer hincapié que los Papas debían ser atendidos por caballeros de alcoba, porteros y guardaespaldas en paridad con los emperadores, cuando preciosamente sólo estos últimos tenían este derecho.

Lo mismo ocurre con la afirmación que el clero romano debe tener el privilegio de engalanar sus caballos con cubiertas blancas, que en el siglo VIII era un privilegio de extraordinaria importancia.

La octava cláusula, en pocas palabras, colocaba al Senado a merced del papa.

Finalmente la novena cláusula, la más importante y la que tiene las mayores consecuencias en la historia de Occidente, hizo al Papa el soberano territorial de Roma, Italia y las regiones occidentales; es decir, del imperio de Constantino, que comprendía Francia, España, Gran Bretaña y de hecho todo el territorio de Europa y más allá.

En virtud de la Donación de Constantino, por lo tanto, el Imperio Romano se convirtió en un feudo del papado, mientras que los emperadores se volvieron vasallos y los papas soberanos.

Su viejo sueño, el dominio romano, se convirtió en una realidad en la que ya no era el Vicario de Cristo subordinado a los emperadores, sino que los emperadores estaban sometidos a los Vicarios de Cristo.

El resultado temprano concreto de la Donación de Constantino era dar una base legal a las adquisiciones territoriales de los Papas, y los hizo soberanos de derecho de una distinción muy importante y de vital importancia en la reclamación de los bienes futuros.

Aunque no hay pruebas que el documento fuera fabricado por el propio Papa, sin embargo, es indiscutible que el estilo de la donación es el de la cancillería papal en la mitad del siglo VIII. Además, el hecho que el documento apareció por primera vez en la abadía de Saint-Denis, donde el Papa Esteban pasó el invierno de 754, es un indicio adicional de que el Papa estuvo implicado personalmente en su fabricación.

Aunque no hay evidencia directa, se supone que la donación se falsificó ya en 753 y que fue traída por el papa Esteban II al Tribunal de rey Pipino en 754, con el fin de persuadir a ese monarca de dotar a los papas con sus primeras posesiones territoriales.

Una vez que los Estados Pontificios entraron en vigor, el documento fue ocultado hasta que se pensó podría ser utilizado con el emperador Carlomagno, quien había sucedido al rey Pinino, su padre.

La primera materialización de la Donación de Constantino fue vista cuando Carlomagno, el monarca más poderoso de la Edad Media, otorgó territorios adicionales a los Estados Pontificios y se fue a Roma para ser coronado solemnemente en la basílica de San Pedro por el Papa León III, como el primer emperador del Sacro Imperio Romano, en el año 800.

El reconocimiento de la supremacía espiritual del papado sobre emperadores y la resurrección del Imperio Romano, por fin se había hecho realidad.

No obstante, el sometimiento de la Corona Imperial no era suficiente. Si bien era cierto que esto supuso que la fuente de toda autoridad civil estaba bajo el Papa, también fue cierto que las provincias distantes no seguían el ejemplo imperial.

La mejor manera de hacerlos obedecer era mediante el control de la administración civil en las provincias, como se había hecho en su centro con el emperador.

El Papa hizo vasallos de las autoridades civiles en las diócesis. De este modo el Papa, con una maquinaria jerárquica ciegamente obediente, controlaría a voluntad la administración civil de todo el imperio.

Fue para poner ese plan en vigor que apareció aún otra falsificación complementaria a la Donación de Constantino.

En el año 850, los ‘Decretales Pseudoisidorianos’, hicieron su aparición oficial. Son una colección heterogénea de los tempranos decretos de los concilios y los papas. Su propósito aparente era dar una base legal a las quejas del clero en el imperio, apelando a Roma contra las fechorías de los altos prelados o de las autoridades civiles.

Aunque algunos de los contenidos de los Decretales son genuinos, una proporción colosal era ilegible, forjada, distorsionada o totalmente fabricada.

Esto fue con el fin de lograr su verdadero objetivo: obtener poder adicional para los papas, dando a los abades, obispos y clero autoridad general sobre la jurisdicción civil en todas las provincias, estableciendo así una base legal para evadir las órdenes de los gobernantes provinciales seculares.

El resultado fue que la Iglesia Romana obtuvo importantes privilegios, entre ellos la inmunidad en la operación de la ley secular, que la puso fuera del alcance de la jurisdicción de los tribunales.

De esta manera el clero adquirió no sólo una santidad peculiar que lo puso encima de la gente común, sino una inviolabilidad personal que les dio una ventaja enorme en todos sus tratos o conflictos con el poder civil.

Por lo tanto, gracias a una serie de fabricaciones, falsificaciones y distorsiones, llevadas a cabo a través de varios siglos y de la que la Donación de Constantino fue la más espectacular, los papas no sólo obtuvieron una posición ventajosa de incalculable valor desde donde extender su poder espiritual y temporal, sino que se consideraban a sí mismos prácticamente independientes de toda autoridad secular.

Aún más, se encargaron que los estatutos de los emperadores y reyes, nada menos que el derecho civil de las naciones, fuera socavado y de hecho borrado por su omnipotencia recién adquirida.

Una vez arraigada en la tradición y fortalecida por la credulidad, desde el nacimiento de imperio Carolingo, las dudosas plántulas de la Donación de Constantino se convirtieron en un poderoso elemento de poder bajo la sombra del cual el autoritarismo papal prosperó.

Así lo hicieron, hasta que con falsificaciones adicionales y el ejercicio arbitrario del poder espiritual y temporal, estos documentos se convirtieron en la primera piedra formidable sobre la cual eventualmente habrían de levantar sus reivindicaciones políticas y territoriales, y el cimiento sobre el que se sitúa el conjunto de estructuras papales de la Edad Media.

A la Donación de Constantino le fue dada cada vez más variados significados por las sucesivas generaciones de teólogos. A pesar de la disparidad de sus puntos de vista, todos estuvieron de acuerdo sobre una interpretación fundamental: la Donación dio la mayor autoridad al papado, el reino y la iglesia.

Los Papas actuaron sobre esto, con el argumento como base para aumentar su dominio territorial, y la nueva inevitable acumulación de riqueza que iba con ello, concentrando la jurisdicción espiritual y política en sí mismos para administrar el Imperio de Occidente como un feudo papal.

Ello implicaba la extensión de su dominio temporal sobre los reyes y reinos de la Tierra y por lo tanto sobre sus riquezas temporales.

La captura de Jerusalén y el éxito de la primera cruzada dio un prestigio incalculable a los pontífices.

Mientras las naciones de Europa atribuían esta victoria al poder sobrenatural, los Pontífices Romanos fueron rápidos para transformar los grandes movimientos marciales de las Cruzadas en poderosos instrumentos que se utilizarán para expandir su dominio espiritual y temporal.

Esto se hizo empleándolos como palancas militares y políticas, que nunca dejaron de producir ventajas territoriales y financieras durante toda la Edad Media.

Por esta razón la Iglesia Romana sostiene que el reino occidental ha sido entregado a su posesión por Constantino, y exige tributo y pleitesía de ellos desde entonces hasta el día de hoy.

La Donación de Constantino significaba realmente la donación ‘de la tierra y el imperio celestial al sacerdocio real de la silla romana’.

Con el transcurrir de los siglos, los papas, en lugar de disminuir sus reclamos, siguieron aumentándolos al declarar que en virtud de la Donación, los emperadores lo eran simplemente porque se les permitía serlo para que el único gobernante en asuntos espirituales y temporales, que en realidad era el mismo pontífice, pretensiones dirigidas a concretar objetivos territoriales, políticos y financieros que los pontífices perseguían con tenacidad infatigable.

El Papa Inocencio II (1198-1216), el más enérgico defensor de la supremacía papal, afirmaba para sí la supremacía temporal sobre todas las coronas de la cristiandad, porque como sucesor de San Pedro, él era simultáneamente el jefe supremo de la verdadera religión y el soberano temporal del universo. Sus esfuerzos se encargaron de que la gobernación papal se extendiera sobre tierras y reinos diversos.

El poder dado por la Donación a la Iglesia Romana se vio reforzado por aquello inherente al propio papado. Como sucesores directos de Pedro, los papas eran los únicos verdaderos herederos del poder de la Iglesia, y por tanto de lo que sea y cualquiera que estuviera bajo su autoridad.

En teoría decía lo siguiente: ‘Cristo es el Señor de todo el mundo. En su partida dejó su dominio a sus representantes, Pedro y sus sucesores. Por lo tanto, la plenitud de todo el poder y el dominio espiritual y temporal, la unión de todos los derechos y privilegios, se encuentra en manos del Papa. Cada monarca, incluso el más poderoso, posee solamente tanto poder y territorio como el Papa le ha transferido a él o encuentra bien permitirlo’.

Esta teoría fue apoyada por la mayoría de los teólogos medievales, y se convirtió en la firme convicción de los papas, por la que quería decir que el dominio espiritual del papado tenía que tener su contrapartida también en el dominio papal sobre todas las tierras, territorios y riquezas del mundo entero.

Ni siquiera los emperadores más ambiciosos del Imperio romano antiguo se habían atrevido a reclamar tanto. Tan pronto como se desató la carrera por la conquista del hemisferio occidental, el Papa llegó a la vanguardia como amo y árbitro de los continentes a ser conquistados.

Porque si todas las tierras a ser descubiertas y conquistadas pertenecían por derecho a San Pedro, todas las riquezas, tesoros y abundancia en cualquier forma también pertenecía a los papas, sus sucesores. De este modo el nuevo mundo se había convertido por anticipado en la posesión del papado.

Así, aunque la Corona Británica posee las tierras e instituciones de los Estados Unidos, incluyendo la Dirección General Impositiva -IRS- que recolecta los tributos y el Consejo de Administración de la Reserva Federal, el Banco Central privado que presta al gobierno dinero que no existe y le carga intereses al contribuyente, es el Vaticano que controla las posesiones aparentemente poseídas por la Compañía de Virginia, propietaria cierta de los Estados Unidos.

El 3 de octubre de 1.213, el Rey Juan Sin Tierra, como ´Rey de Único de la Corporación de Inglaterra´, reclamó la autonomía sobre todos los derechos soberanos de Inglaterra y los asignó al Papa, quien, como Vicario de Cristo, reclamó el dominio sobre el entero mundo. A cambio, el Papa concedió potestad ejecutiva a la Corona Inglesa sobre todos estos dominios.

En otras palabras, la Corona es la Jefa Ejecutiva y el Vaticano es el propietario, aunque, por supuesto, el verdadero propietario es quienquiera que controle al Vaticano. Esto es el porqué Londres resulta el centro del nivel máximo de operaciones. Los ciudadanos de los Estados Unidos de América, ´Tierra de los libres´, han sido sometidos por este engaño y continúa siendo así.

El acuerdo del Rey Juan con el Papa presumiblemente cedió la soberanía de Inglaterra a Los Templarios, la Banca Internacional.

La Compañía de Virginia y el Rey James decretaron que las cortes criminales en las colonias americanas serían controladas por el Derecho de la Ley del Almirantazgo del Tribunal Marítimo Británico.

Cuando un tribunal funciona bajo el Almirantazgo o la ley marítima, la bandera en el tribunal debe tener un fleco de oro alrededor de ella. Todo y cualquier juzgado penal en los Estados Unidos tienen tal fleco de oro. Lo mismo pasa con muchas otras construcciones oficiales. Haciendo hincapié que esos juzgados penales ´estadounidenses´ están dirigidos bajo el Derecho Marítimo Británico de la Corona.

Los jueces estadounidenses son completamente conscientes que sus salas de tribunal son controladas por el Derecho Marítimo Británico, pero se mantienen al respecto en remunerado silencio.

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